jueves, 27 de agosto de 2009

~ Quiero Encontrar Mi Sitio ~


Buscando entre la nada encontré un triste reflejo en aquella pared. Era el rostro de una niña que podría decir que apenas tenía unos 3 añitos. Su rostro reflejaba dulzura y ternura; cualquiera diría que aquella niña era casi una muñeca, pero sus ojos reflejaban sentimientos contrarios a su rostro. Tristeza, dolor, sufrimiento y soledad era lo que sentía al verla con esos ojos castaños.

Luego después de contemplarla embobada al menos unos 30 segundos sacudí mi cabeza impresionada. Escuchaba como mi corazón latía tan fuerte de los nervios, no sabía que ocurría pero sentía que tenía una gran conexión con esa niña tan agradable, que me dieron muchas ganas de ayudarla aunque fuera necesario comprarle un lollipop.

De pronto como si la niña me hubiera leído mis pensamientos, empezó a dibujar unas cosas en una pared exactamente igual en la cual yo la veía a ella. Cuando terminó de dibujar, con su manito me pidió que me acercara hacia a ella pero yo, por medio de gestos, le explicaba que no podía. Una lágrima pasó por su delicado rostro y se me partió el corazón, sentía tantas ganas de llorar con verla a ella que quise intentar llegar hacia ella.

Fue increíble, totalmente sorprendente que sin ningún esfuerzo traspase la pared y llegué a estar a lado de ella. La pequeña gritaba y brincaba de felicidad al ver que estaba a su lado, ¡Que bonita se veía! Pero aun así sus ojos inexpresivos mostraban dolor.

Traté de no sentirme así como ella estaba, asi que le pregunté que había dibujado. Ella señaló en la pared y quedé completamente sorprendida y sin palabras al ver aquella pared. La niña no había hecho un dibujo de una persona que apenas tiene 3 años y muchos menos de una persona adulta o al menos eso pensaba yo. Era algo totalmente real, que tenía movimiento, elegancia y sofisticación, pero a pesar de tener color, no mostraba vida ni alegría, mucho menos felicidad. ¿Qué es lo que me quieres decir amiguita?

Ella salió corriendo y en un abrir y cerrar de ojos, regresó con algo en la mano que brillaba con el sol y me lo entrego en las manos.

Era uno de esos espejos de época bañados de plata y con el espejo más brillante que nunca antes había visto a pesar de ser uno tan viejo y clásico.

La pequeña me pidió que me viera en el espejo con muchas ansias y yo sin poder darle una respuesta negativa a la muñeca, lo hice.

Entonces vi en ella lo que la niña me quería mostrar; mi propio reflejo. Todo lo que ella había dibujado había sido todo mi año completo, lleno de alegrías y oportunidades, satisfacciones y mucha diversión… Pero todas habían sido vacías. Tal vez significaron mucho para mi vida, pero ninguno lleno el vacío que siento.

Entendí que la niña podía leer mis pensamientos así que ella movía su cabecita haciéndome saber que había acertado. Me tomo de la mano casi jalándome para que fuera con ella a buscar una pared limpia, sin garabatos.

Encontramos una pared y ella volvió a dibujar. Esta vez si comprendía lo que sucedía, así que mientras ella dibujaba sus grandes creaciones, yo recordaba cada momento.

Cuando ella terminó vi como sufría su corazón al dibujar esas cosas como si lo que yo viviera le afectara a ella también. Le hice un gesto para que se acurrucara en mis brazos y consolarla pero ella se negó como tal orgullosa. Sentí como ella trataba de decirme que mirara con mucho cuidado aquella pared llena de sufrimientos por lo que vi en su rostro.

Un grito agudo y casi sordo salió de mi garganta y mis lágrimas aguantadas durante tanto tiempo empezaron a salirse solas y no podía parar ya que sentía que mi sentimientos no los podía controlar, solo salían como si quisieran decir todo lo que han sufrido y esperado a salir del lugar donde las tenía acumuladas. Aquella niña me pidió que la cargara según sus gestos reclamaban y empezó a compartir mi dolor.

¡Que niña tan especial!, pensé. Aquella dulzura había dibujado todo lo que había sufrido durante todo este tiempo, desde que empezó el año de las riquezas. Incluso eran más mis sufrimientos y depresiones que mis alegrías y satisfacciones.

No supe exactamente cuanto tiempo ella y yo estuvimos llorando contemplando aquella pared, pero si puedo decir que fue un largo tiempo. La bajé y la puse en el suelo y ella me dio un trapo húmedo, imaginé que era para ayudarla a borrar todos los garabatos de la pared, y con muchas ansias de olvidar el pasado que se convirtió mi eternidad, intenté borrar las cosas de la pared. Pero fue imposible, nada se borraba y miré a la niña con cara de sorprendida.

Noté que ella si sabia que eso jamás iba a borrarse de ese modo y se empezó a reír de mí. Era una risa muy contagiosa por lo que yo también quede riéndome para no quedar como bobita.Ella me llevó a un pequeño parque cerca de aquella pared donde había muchos niños jugando en los juegos que se ofrecía allí.

La niña tan pequeña que era, me jalaba del pantalón y señalaba un carrito de raspado. Le dije muy triste que no tenia dinero para comprarle uno, pero para mi suerte me di cuenta que eran gratis. Por lo que pedí uno para ella y uno para mí para calmar mi tristeza interna.

En realidad la pasé muy bien con ella; luego de comernos el raspado fuimos a los columpios y nos mecimos un montón de veces. A pesar de ser tan solo un momento tan corto la pase muy bien y sentí como se llenaba mi corazón al estar con aquella niña, que hasta ahora me daba cuenta que es igualita a mi cuando yo era una niña.

También me percate que ese dolor que reflejaba la niña en sus ojos iba desvaneciendo. Sabiendo que ella me leía la mente, me llevó de nuevo al muro y me mostró como iba desvaneciendo las tristezas por medio que llenaba mi corazón de verdaderas alegrías por más corta que fueran y aquellas que no llenaron se iban incrementando por medio de la contagiosa alegría que había sentido hace exactamente unos 15 minutos y llenaban mi corazón.

Me tomó tiempo comprender lo que aquella niña quería decirme durante todo este tiempo y sentí unas grandes ganas de abrazar a la pequeña.

Por sorpresa me tomó ella al quitarme la palabra de la boca diciéndome “Gracias”.

En aquel lugar iba oscureciendo y la niña un poco abrumada me llevó a la pared en donde yo había surgido y presencié que ya era hora de irme.

Con mis pensamientos le dije a la niña lo feliz que estaba por darme una enseñanza de vida y lo mucho que me gustaría quedarme porque en mi lugar solo lloro y vivo en oscuridades y ojalá pudiera encontrar un sitio como este.

La niña se quedó extrañada y de su boca tan pequeña me dijo:

“Tu lugar es aquí, donde estas en estos momentos, esto es producto a tu imaginación que con ansias pedía tu corazón. Este sitio aquí es tu mundo, el recuerdo de cada cosa maravilla que ha pasado en tu vida y cada vez que te sientas inmiserable, volverás a ver que depresión que tengas la puedes suprimir con simples cosas de la vida, aunque tan solo sea una sonrisa. Yo solo soy un reflejo de tus emociones, demostradas en ti cuando tan solo tenías 3 años, yo estoy aquí para hacerte recordar lo hermoso que es sonreír.”

Me quedé impactada con las palabras de aquella niña y que despidió de mí con un tierno beso en el cachete haciéndome regresar a la vida real.

Cuando regresé vi mi reloj y me di cuenta que nada más habían pasado 5 minutos de todo un mundo.

Miré la pared y noté que aquel reflejo no estaba, que no veía nada porque tan solo era una simple pared, pero esta vez ya no me sentía vacía, me sentí llena de vida y con ganas de sonreírle a la vida.

1 comentario:

Alba dijo...

y al final de todo, siempre encontraremos ese reflejo en nuestros corazones, no hay más que cerrar los ojos y verificar nuestro pasado..